La Canción de Adán

Las Abejas

Anónima

Malhaya la cocina, malhaya el humo y la mujer que se fíe de hombre alguno, porque son tales, porque son tales, que hasta en el mismo cielo ¡caramba! son infernales.

Yo comparo a los hombres con las abejas, pican diversas flores, después se alejan, y donde pasan, y donde pasan a cada flor le dejan ¡caramba! su picotazo.

Me confesé con un cura que era un tronera y diome por penitencia que lo quisiera, y yo lo quise, y yo lo quise porque las penitencias ¡mi´jito! deben cumplirse.

Retrataba a mi suegra Don Macedonio y en la fotografía salió el demonio, no fue idiotismo, no fue idiotismo porque suegra y demonio ¡caramba! son uno mismo.

Yo comparo a los hombres con las abejas, pican diversas flores, después se alejan, y donde pasan, y donde pasan a cada flor le dejan ¡caramba! su picotazo.

Malhaya la oficina y los papeles, que el hombre debe fiarse de las mujeres porque son tales, porque son tales que hasta en el mismo infierno ¡caramba! son celestiales.

Yo las comparo con la azucena porque su alma es pura y ellas son buenas, y las bendigo, y las maldigo, pero de la que llevo en mi alma ¡caramba! de esa no digo.