Un día lejano

Hila y reta

Letra: Jaime • Música: Fidel

Comenzar la retahila
solo es hacer una copla,
en enero el viento sopla
y en agosto ¡qué calor!,
el chicheme es lo mejor
en las fiestas de San Blas,
me viste y no te acordás…

…me viste y no te acordás
y si te vi no me acuerdo,
señor juez, yo no recuerdo
si me dieron comisión,
qué facil llega el perdón
de la mano del olvido…
pero yo no olvido más,…

…pero yo no olvido más,
se me grabó en la memoria
y así te cuento la historia
si no me oís, no me oigás.

Hila hila, retahila…
Hila y reta, retahila…

Adonde van a morir
las esperanzas de un viejo?
Mirándonos al espejo
se nos va la juventud,
como clavos de ataúd
así fueron tus miradas,
y en el campo están sembradas…

…y en el campo están sembradas
las ilusiones del pobre,
no sirve el agua salobre
pa’ alimentar la cosecha,
tonto es el que no aprovecha
la gracia que Dios le da,
soy de aquí, no soy de allá,…

…soy de aquí, no soy de allá,
por eso te pido, hermano,
que me dé el sol nicoyano
por toda la eternidad.

Hila hila, retahila…
Hila y reta, retahila…

“Para eso tengo mis puños”
dijo el difunto Guevara,
“midan con la misma vara”
pide siempre el tagarote,
tronador es el jocote
cuando se corta en su punto,
si me querés, te pregunto,…

…si me querés, te pregunto,
¿por qué me tratás tan mal?,
¿será que en ese comal
revolcás otra cajeta?,
¿porqué habrá tanta bombeta
si ocho de mayo no es?
por la boca boca muere el pez…

…por la boca muere el pez,
te esperé y no me llamaste,
¡no conozco Guanacaste
con rótulos en inglés!

Hila hila, retahila…
Hila y reta, retahila…

(Recitado:)
“Más sabe el diablo por viejo”
dijo un tal Matusalén,
Siete Cueros y Belén
se inundan en el invierno,
“yo no quiero ir al infierno”
gritaban cuatro pisuicas,
¿adónde meten sus chuicas
los que venden su terruño?

Aquél que olvida su historia
no merece compasión,
es de fieles el perdón
y de avaros el castigo,
los verdaderos amigos
se conocen caminando,
un rato a pie y otro andando
se llega a Cuajiniquil.

De chispas era el fusil
del mentado Goyo Díaz,
yo jamás te dejaría
si no fuera tan arisco,
solo el Hermano Francisco
era entre lobos un santo,
¡perdón que te quiera tanto
Mariquita de mi vida!