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2 de Septiembre de 2006

Malpaís cautivó a sus seguidores

Conciertazo: La Aduana conspiró de nuevo con la agrupación nacional para dar un espectáculo lleno de energía e intimidad.

Melissa Arce
meliarce@nacion.com

Faltaban cinco minutos para las 8 p. m. y ya las tres graderías dispuestas en un improvisado y bien logrado teatro en la antigua Aduana estaban llenas. Las largas filas para entrar al recinto se convirtieron, poco a poco, en decenas de personas ocupando sus lugares frente al escenario, en un lounge preparado para una noche que prometía mucha emoción y calidad.

Un público variado colmó por completo el lugar, tres generaciones reunidas acudieron a la primera cita de Malpaís con sus seguidores para sacar la tarea de su primera producción en vivo.

Gran inicio. A las 8:15 p.m. un retumbo se sintió desde la gradería frontal, los gritos y las palmas de festejo competían con los primeros acordes de la canción Presagio.

“Bienvenidos y bienvenidas a esta íntima sesión de grabación”, fueron las primeras palabras del músico Jaime Gamboa.

La noche empezó entre temas ya reconocidos y otros de estreno, el Bazar de Urías, una composición de Héctor Gamboa, dejó al público callado y atento. La fuerza de los aplausos despidió el nuevo tema.

El piano de Manuel Obregón fue el preámbulo para Epitafio y la oportunidad perfecta para que el percusionista Tapado Vargas hiciera un solo magnánimo.

Abril fue entregada a un teatro enardecido y agradecido desde los primeros minutos. Rosa de un día y Bolero ¿Yo? dieron respiro a las gargantas del coro de 700 personas.

Las palmas recibieron Muchacha y luna, tema de su primer disco y entre risas y comentarios cercanos llegó el momento para otra de las estrenadas recientemente, Consejos de una niña a una mujer.

Otra vez la lucida interpretación de Tapado marcó la noche al cierre de Otro lugar. La primera hora de concierto se cumplió con la pieza Es tan tarde ya, pero el público seguía sin pedir descanso.

Chao Luna hizo del anfiteatro una jam session y abrió paso a Historia de Nadie, tema que da nombre al segundo disco. Son Inú, Obregón al piano y los coros a voz en grito pusieron a moverse las graderías.

“Allá viene la vieja, con la frente bendita y en la noche infinita…” encendió a La Aduana. La vieja fue justo para afinar al público y ponerle a practicar el coro siguiente de la canción inédita Contramarea, una historia de amor concebida a uno y otro lado del río San Juan.

El sabor a pampa guanacasteca, folclor y terruño se sintió con Más al norte del recuerdo y el baile llegó hasta algunos fiebres que no pudieron resistirse al escuchar Malpaís.

Al lado del escenario, un niño marcaba el ritmo por genética o herencia, pues era el hijo menor de Fidel Gamboa y quien “encabezaba” los bailadores.

Deseados. Las luces rojas suspendidas sobre el escenario fueron un intento de despedida rechazada de inmediato. La marimba de Manuel Obregón retomó la noche y un “relincho” guanacasteco salió a todo pulmón desde la gradería lateral en Como un pájaro.

Boceto para esperanza, el tema primero de su primera producción discográfica cerró una gran noche para la música nacional.

Fuente: http://www.nacion.com/viva/2006/septiembre/02/espectaculos815383.html.

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