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8 de Noviembre de 2008

Crítica de música: Cuando la calidad es premiada

Ana Belén y Víctor Manuel: Una pareja que hoy día son escuela escénica

Alberto Zúñiga | albezuni@gmail.com

Quizá lo más impactante de la noche del concierto de Ana Belén y Víctor Manuel, aparte de algunas de las canciones entonadas por el dúo y la hermosa presencia de Ana, fue la reacción del numeroso público hacia el grupo costarricense Malpaís.

En mi memoria, que aún es buena a pesar de los pesares, no recuerdo un aplauso tan generoso y tan amoroso hacia un artista o artistas nacionales y en un concierto de este tipo durante los últimos diez años, para no ir más lejos. Bien merecido se lo tienen.

Cabe el momento para destacar, además, la actitud de la producción del evento en ofrecer al grupo nacional el espacio y el tiempo necesarios para poder realizar una presentación tan digna como la que tienen posibilidad los extranjeros visitantes de hacerlo. Esto revela una gran conciencia hacia los valores nuestros y, desde luego, un profesionalismo que descubre conocimiento en las reglas del juego escénico y de la actividad del entretenimiento.

Agrego, además, que es la primera vez en mucho pero mucho tiempo que el sonido, es decir la amplificación sonora, fue magnífica dadas las circunstancias que en otras oportunidades he resaltado, no sin poca insistencia, respecto a lo difícil que resulta sacarle partido a ese espacio desde un punto de vista sonoro.

Satisfacción total y por todo lado es el resultado y no solo para mí, porque la audiencia nacional ya cuenta con suficientes elementos de criterios para decidir si un espectáculo estuvo bien o mal o regular desde sus diferentes ángulos.

En este concierto, me parece, hubo respeto desde ambos terrenos, el de la producción y del público. Estamos a la altura de los grandes eventos internacionales. Sigamos entonces repitiendo la misma fórmula. Repito, la ganancia es para todos.

Este nuevo encuentro con la pareja de Belén y Manuel fue revelador en algunos aspectos. Desde mi perspectiva, el nuevo material que presentaron fue de lo mejor de la noche. Se confirma, una vez más, el impresionante talento de Víctor Manuel como compositor. Tanto lo es que, en mi caso, hasta pude obviar la gran cantidad de tonos perdidos que ya evidencia su interpretación y eso que aún posee una voz cálida, dramática y de gran personalidad. Pero que desafina, desafina y no una sola una vez.

La interpretación de Ana Belén corrió suerte diferente. Además, qué portento escénico es ella. Una maestra en el arte de seducir allá arriba. Con pocos movimientos acaparó la atención. Fue magnética, absorbente y excelente guía en la dinámica del concierto.

En este sentido, en el de la dinámica del evento musical, los españoles desde hace tiempo que vienen demostrando ser muy eficientes en todo lo que implica una puesta en escena. Luces, desplazamientos por el escenario, guión, contextualizar el contenido y la música, o mejor dicho, la instrumentación que acompaña las canciones.

Sin embargo, para mi gusto, muchas de estas canciones del legendario dúo podrían ser comunicadas en formatos más sencillos y para muestra las versiones presentadas de Asturias o de Lía . La sencillez del esquema instrumental engrandeció el poder de su contenido.

Quizás la abundancia de tanto colchón armónico o de efectos resulte sobrante y, ni que decir, del abuso de las percusiones, ya que traían una fórmula total, es decir batería normal y gran cantidad de percusiones menores. Bien utilizadas, como en el caso de Rumbo al Sur , donde se mantuvieron a lo largo de todo el tema insinuando a un tren en movimiento, producen un efecto de apoyo impresionante. Buena jornada y todos felices.

Noticia tomada de: http://www.nacion.com/viva/2008/noviembre/08/viva1767883.html

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